Perderme

Semana de celebración de cumpleaños

Mil gracias por todas las felicitaciones, los mensajes y la energía positiva que he recibido… la verdad es que la mañana de mi cumpleaños, casi llego tarde. Al abrir el móvil por la mañana, me emocioné con tantos mensajes, e intenté responder a todos, aunque era materialmente imposible hacerlo en unos minutos… y, sin darme cuenta, invertí bastante más de unos minutos agradeciendo los mensajes, sin conseguir llegar ni a la mitad de ellos… y ese tiempo me hizo correr toda la mañana.

Clases y una reunión por la mañana y, por la tarde, AVE hacia Madrid, donde he estado buena parte de la semana, trabajando con una de las mayores consultoras de nuestro país, con un grupo de profesionales extraordinario, que una vez más me demuestra que las grandes personas hacen grandes las organizaciones.

En la estación del AVE, coincido con un antiguo colega de trabajo, al que hacía años que no veía. Le miró con cara de alegría de re-encontrarle, le saludo y me mira con cara extrañada… pienso que no me ha reconocido, «eso es que me hago mayor».

Pero él, se acerca, con su cara de sorprendido y me dice que estoy muy cambiada, que me ve más joven… y me pongo a reír. ¡Es evidente que no estoy más joven! Pero me hace gracia la curiosa casualidad de que me digan eso justamente el día de mi cumpleaños.

Fue un día de trabajo, de prisas y de no parar, que tuve la suerte de terminar con una cena maravillosa con l@s mejores amig@s. ¿A quién no le encanta que le sorprendan con un pastel con velas el día de su cumpleaños? Detalles que demuestran la suerte de tener a personas grandes en mi vida.

Cumplir años me gusta. No lo veo tan terrible eso de hacerse mayor… Sumar un año más de vida es algo maravilloso, es algo que te permite crecer, seguir descubriendo un poquito más de ti…

Un año más en esta aventura llamada vida

Esta fue la foto que compartí el día de mi cumpleaños, y este el texto:

«Todo ser humano dispone de un tiempo y de un espacio para materializar su vida, para edificar la obra de arte más importante: su propia existencia.

No sabe de cuánto tiempo dispone… solo sabe que existe, que está allí y que podría no haber estado.

Cada persona puede vivir despierta o dormida. Puede hacer de su vida una obra única e irrepetible; pero también puede negar lo que es y dimitir antes del final.

La decisión es única, personal e intransferible…

Cada itinerario es diferente y profundamente incierto.

Al nacer no sabemos qué nos espera.

La vida es una aventura.

Pero llegar a ser un@ mism@ pide decisión y valentía.

Darse cuenta de la propia naturaleza y vivir conforme a ella exige coraje».

F. Torralba

Un texto que ya compartí en INED21, porque me llega al corazón y lo siento como tremendamente cierto. La vida es una aventura, en la que debemos encontrarnos. Y no es algo fácil.

Todos aspiramos a una vida plena, pero el camino que conduce a ella es largo y fatigoso y, muchas veces, es más fácil fingir que estás bien… y quedarte en la aparente comodidad de una vida que no es la tuya, quedarte en un lugar que sientes que no es el tuyo.

Porque salir de allí supone empezar a andar, supone un esfuerzo titánico, sin saber exactamente a dónde voy, sin tener la certeza de que llegaré… y con esa sensación de perderme.

Esa sensación de perderme

Los procesos de cambio son difíciles. El cambio da miedo, y nos resistimos a cambiar por el miedo a lo desconocido. Y el cambio solo puede producirse desde la voluntariedad, desde dentro de ti.

Queremos cambios en nuestra vida… pero nos gustaría que los cambios se produjeran de forma rápida, fácil, cómoda y segura. Que fueran inmediatos. Querríamos pasar del blanco al negro a la velocidad de la luz. En un deseo por querer alcanzar nuestros objetivos, y por soltar aquello que ya no deseamos, querríamos cambios vertiginosos ya.

Y ¿qué es lo que sucede? Que la mayoría de veces esos cambios quedan en nada. La vida no es una carrera de sprint, sino de fondo. Oscar Wilde escribió que:

«Vivir es la cosa menos frecuente en el mundo.

La mayoría de gente existe… eso es todo».

Y, probablemente, sea cierto, la mayoría de la gente no se atreve a vivir, en toda la dimensión de esta maravillosa palabra. No porque no quieran… sino porque requiere valentía, mucha.

La vida te para en este segundo…

Y justo en este momento, celebrando un año más de vida, le tomo prestado un texto a mi admirada Mercè Roura.

«La vida te para en este segundo para que no te quede otra que vivirlo y dejar de pensar, dejar de dar vueltas a lo que no se puede cambiar y puedas mirar en ti y cerrar heridas y decir no a los fantasmas de una vez.

Pone ante ti personas que no saben quererte, para que aprendas amarte, para que sepas que debes reconocerte y valorarte…»

«Te rompe para que sepas que eres indestructible… Te derrumba para que sepas que puedes levantarte. Te ata para que te liberes… Te pone ante el precipicio para que decidas que no quieres dejarte caer…»

«La vida a veces te baja al infierno para que comprendas que el cielo está en ti».

Será cuestión de vivir…

Vivir implica aceptar y no esquivar todo lo que te va llegando: disfrutar los buenos momentos, encajar golpes inesperados, luchar contra problemas que, a veces, te parecen gigantes, pensar que no vas a poder cruzar esa montaña que tienes delante, llorar en ocasiones –más de las que quisieras–, emocionarte cuando te sorprenden con un pastel con velas, morirte de amor al mirar a tus hij@s, dar gracias por esas llamadas telefónicas de las personas que te quieren, valorar cada pequeño detalle que te regala la vida, correr riesgos, aceptar que a veces hay que sufrir y priorizar el amor.

Gracias por estar a mi lado un año más, en esta aventura llamada vida.

Perderme en ti

y aunque, tal vez…

ya esté grande pa’ cuentos de hadas…

Artículo publicado en INED21