La máxima inteligencia es la bondad

Conocer cómo funcionan

los mecanismos de la inteligencia es algo apasionante

Esta semana entrevistaban en la Contra de La Vanguardia a José Antonio Marina, precisamente como investigador de inteligencia. Acaba de publicar nuevo libro: «Biografía de la humanidad. Historia de la evolución de las culturas», y lo tengo ya en mi lista de próximas lecturas imprescindibles. Catalogar a Marina es muy difícil, por la amplitud (y la profundidad) de su trabajo: catedrático, filósofo, investigador y escritor. Es uno de los grandes pensadores de nuestro país y su trabajo de investigación sobre la inteligencia humana me resulta tremendamente estimulante.

La palabra inteligencia proviene del latín intellegere, término compuesto de intel «capacidad» y legere«adaptar, escoger». No existe consenso sobre la definición de inteligencia y hablar de ello suele generar polémica. Se habla de distintos tipos de inteligencia y las teorías alrededor de la inteligencia son múltiples.

Sin embargo, considero que la de teoría de José Antonio Marina es una de las más interesantes, como he comentado en otras ocasiones en INED21. José Antonio Marina, además, es muy gráfico en sus definiciones y, para empezar, Marina nos indica que la inteligencia tiene distintos niveles: la inteligenciageneradora y la inteligencia ejecutiva.  Ha tratado en diferentes libros estos dos niveles: la inteligencia generadora –nuestra gran productora de ocurrencias– y la inteligencia ejecutiva –que es la que realmente supone acción–.

FUNCIÓN DE LA INTELIGENCIA

Durante siglos se relacionó la inteligencia con el conocimiento y se consideraban inteligentes aquellas personas que eran capaces de memorizar gran cantidad de información. Es posible que muchos de los problemas educativos que hemos sufrido tengan su origen en haber intentado educar la inteligencia cognitiva, proporcionando conocimientos a los niños, sin dar importancia a otras vertientes de la inteligencia. Diversos autores, como Howard Gardner, han expuesto la importancia que debe darse a otros tipos de inteligencia.

José Antonio Marina expone que la «inteligencia emocional» intentó llenar ese vacío, pero tampoco proporcionó una visión integrada de la mente humana, probablemente, porque la función de la inteligencia no es conocer, pero tampoco es sentir.

«La función de la inteligencia no es conocer, sino dirigir la acción».

Marina señala que la función de la inteligencia es dirigir la acción. Una conclusión tremendamente lúcida y valiente. No vivimos para conocer, sino que conocemos para vivir de la mejor manera posible. Por ello, más allá de la inteligencia cognitiva y de la inteligencia emocional, el nuevo modelo que debe integrar a todos los demás es de la “inteligencia ejecutiva”.

INTELIGENCIA GENERADORA

El objetivo de la educación de la inteligencia generadora parece claro: aprender conceptos, aprender a tener buenas ideas, buenos sentimientos, ayudar a tomar buenas decisiones, conseguir las habilidades necesarias y mantener el deseo de mejorar.

La inteligencia generadora (IG) tiene dos componentes: uno biológico –el conjunto de operaciones neuronales con que nuestro cerebro está dotado– y otro aprendido –la información–. La ecuación de la Inteligencia Generadora es = Biología + Memoria

IG = B + M

La plasticidad es el fundamento físico del aprendizaje, es decir, de la memoria. Debemos recordar las enormes posibilidades que nos brinda la plasticidad del cerebro. El ser humano tiene la capacidad de actuar sobre su propio cerebro, cambiándolo.

Lo que hacemos esculpe nuestro cerebro. Este es un tema que ha quedado demostrado empíricamente con multitud de estudios, como el de Eleanor Maguire, que comprobó mediante escáneres cerebrales que los taxistas de Londres habían desarrollado extraordinariamente su hipocampo, sede de la memoria espacial, tras años de memorizar el callejero de la ciudad.

En la creación de la inteligencia generadora, el primer paso es hacer una reivindicación de la memoria. La memoria es la base de todo aprendizaje, gracias a la cual podemos aprovechar la experiencia propia y la ajena. Marina defiende que el fundamento de la inteligencia humana es la memoria, y que el talento se basa en la gestión óptima de la memoria.

«Por ignorancia se ha devaluado la memoria en favor de otras facultades, por ejemplo, la creatividad, como si ésta fuera una capacidad autónoma, que brotara por generación espontánea o como un don».

La creatividad surge a partir de nuevos modos de relacionar conceptos. Si nuestro cerebro no tiene unabase de datos previa, si no tenemos conocimientos almacenados, no será posible desarrollar el pensamiento creativo. Para tener buena imaginación, hay que tener buena memoria.

Después de siglos de veneración del talento innato, ahora es el momento de reivindicar el entusiasmo por el aprendizaje, que es el que permite superar límites. Para alcanzar la excelencia en un campo hace falta entrenamiento. El talento reside en la memoria entrenada. Y a ese entrenamiento le podemos poner una cifra: las famosas 10.000 horas de práctica deliberada, que se cuantificaron a raíz de un experimento en laAcademia de Música de Berlín, en el que demostraron que lo que separaba a los alumnos buenos de los extraordinarios eran las horas de práctica con el instrumento: los extraordinarios habían dedicado unas10.000 horas de práctica deliberada al mismo.

«Lo que hacemos esculpe nuestro cerebro».

El poder del entrenamiento es, pues, muy importante. Mediante el entrenamiento adquirimos hábitos eficientes. La pedagogía se enfrenta a la necesidad de fomentar la adquisición de hábitos.

HÁBITOS

Los hábitos amplían la inteligencia

El desarrollo del talento infantil implica ayudar a configurar una inteligencia generadora activa, que asimile conceptos y, a la vez, sea capaz de utilizarlos productivamente. La inteligencia generadoraentrenada es la que permite a los expertos reconocer patrones invisibles para los demás. Así es como, por ejemplo, los radiólogos expertos pueden ver en una placa de rayos X patrones que otros no ven.

Sin embargo, se pregunta Marina, ¿podemos hacerlo? Y concluye «si supiéramos enseñar a desear lo deseable, la educación no tendría ninguna dificultad».

INTELIGENCIA EJECUTIVA

La inteligencia ejecutiva (IE) también se educa. La educación de la inteligencia ejecutiva es también parte de la educación del talento y, en este caso, quién debe dirigirla es el entrenador.

El esquema de funcionamiento de nuestro cerebro se basa en que está dirigido a una meta y controlado por un mecanismo de feedback. Entrenar la inteligencia ejecutiva es todo un reto, y según Marina, el primer paso es la inhibición.

Lo que define a la especie humana es su

capacidad de control

Roy Baumeister

El primer acto ejecutivo de nuestro cerebro es la inhibición. La capacidad de inhibir el estímulo es eficaz porque nos permite deliberar sobre él y sobre las posibilidades alternativas. Sin esta capacidad de inhibición, la inteligencia ejecutiva no puede funcionar adecuadamente. A partir de este punto, conviene trabajar en las «virtudes de la acción».

La educación puede actuar construyendo una inteligencia generadora rica y eficiente, y construyendo una inteligencia ejecutiva eficaz y con buenos criterios de evaluación.

LA IMPORTANCIA DEL CRITERIO

El análisis acaba en el talento de la sociedad

«El talento de un grupo, una sociedad o una organización es su capacidad de elegir bien las metas y de movilizar todas las inteligencias individuales que lo componen para conseguir alcanzarlas, aumentando al mismo tiempo sus posibilidades personales».

Y termina reflexionando sobre la importancia de los criterios de evaluación. Cuando la inteligencia acierta en elegir unos criterios de evaluación, en unos valores adecuados, consigue desarrollar grandes proyectos. José Antonio Marina reivindica una vez más una teoría de la inteligencia que empiece en la neurología y que termine en la ética«porque necesitamos desarrollar el talento de las sociedades, que inevitablemente ha de ser un talento ético».

La primera pregunta de la entrevista de esta semana de La Vanguardia a Marina era «¿qué es la inteligencia?», a la cual responde la inteligencia «es la capacidad humana de dirigir su conducta para resolver problemas». Y añade que la inteligencia «en grado supremo se llama bondad».

Marina defiende la bondad como la forma más eficiente de resolver problemas. Da para pensar este recorrido desde la inteligencia generadora –a partir de la biología y la memoria–, a la inteligencia ejecutiva –que nos lleva a hacer– y terminar en la inteligencia ética y la bondad como culminación de la inteligencia.

Habrá quién discrepe de este planteamiento, por supuesto. Sin embargo, creo que no es casualidad que otros autores estén en la misma línea. Howard Gardner también tuvo en su día una Contra en La Vanguardia, en la que expresaba que «una mala persona no llega nunca a ser un gran profesional», relacionando también inteligencia con bondad.

El planteamiento de Marina da para pensar.

La mayor demostración de inteligencia no es la ciencia, ni la literatura, ni el arte… sino la bondad.

Reivindicar sin complejos la bondad,

aunque no esté de moda.

«Un acto de bondad es muy poderoso».

Y para la canción de hoy, una que me llega por whastapp

Lost In Japan

And I, I was thinking I could fly
to your hotel tonight
because I can’t get you off my mind

Artículo publicado en INED21