Hay semanas en las que la agenda profesional permite tener un poquito de tiempo para compartir con amig@s, más allá del trabajo. Como dice el título del libro de Keith Ferrazzi: “Nunca comas solo”, porque el secreto para crecer profesional y personalmente está en nuestras relaciones personales. Y es un placer compartir tiempo con personas con las que tienes mucho en común, a veces haber compartido una época de trabajo, a veces por compartir aspiraciones y objetivos que casi nadie entiende o, a veces, por el modo cómo miramos el mundo.

Y así es como he tenido la suerte esta semana de coincidir con amig@s extraordinari@s y de disfrutar de un poquito de tiempo. Tiempo para nuevas personas que entran en mi vida, para hablar por teléfono con un amigo que cambia de perspectiva profesional -y que le irá extraordinariamente bien- y tiempo para comer con un amigo -excompañero de trabajo en Arthur Andersen-, que después de no sé cuántos años, me muestra las oficinas en las que trabaja ahora -uno de los mayores despachos de abogados de nuestro país-, un edificio precioso, un interior espectacular, en el que destaca una escultura imponente en la entrada, que esconde discretamente un mensaje… mi amigo se detiene allí para destacarme el mensaje -muy sutil, no es evidente-, que yo me esfuerzo en descifrar… y finalmente puedo leer “ETICA”. Y me remarca, con orgullo, que es uno de sus pilares.

Y no puedo hacer otra cosa que no sea aplaudir ese mensaje. Estoy convencida de que cada vez son más las organizaciones que apuestan por la ética,

Como dice José Antonio Marina

“la ética es el modo más inteligente de vivir”

Y, durante la comida, hablamos de retos que tenemos actualmente ante nosotros. Sin duda, son muchos, pero van ganado protagonismo los retos relacionados con el medio ambiente y la necesidad de conseguir la igualdad de la mujer en las organizaciones.

Mucho por hacer, está claro. Pero no imposible… ni mucho menos.

 

Un mundo mejor

Mucho por mejorar. Pero el camino del cambio, hacia un mundo mejor se inició hace ya tiempo y hemos recorrido ya un buen tramo. El mundo es hoy mejor que hace unos años. ¿No me crees?

Tenemos tendencia a magnificar los hechos negativos. Lo hacemos a diario, nosotros, nuestro entorno, los medios que leemos…. Las noticias suelen enfocarse en los conflictos y en los problemas. Y no nos detenemos a valorar todo lo positivo que sucede a nuestro alrededor. Leía hace unos días un artículo que me compartieron de The New York Times -de Nicholas Kristof- “This Has Been the Best Year Ever” en referencia a 2019, te lo recomiendo sinceramente.

El autor hace un breve recorrido sobre una serie de aspectos fundamentales para las personas en todo el mundo, para mostrarnos su evolución. Porque existen varios ámbitos en los que hemos avanzado de un modo impresionante, y lo muestra con datos estadísticos para hacerte reflexionar sobre todo lo positivo en lo que hemos mejorado. Datos como que:

  • la pobreza extrema ha descendido en un 75% en solo 4 décadas (en 1981 era un 42% de población mundial el que subsistía con $2 al día, y en 2015 se situaba en un 10%),
  • la mortalidad infantil ha bajado de un 27% en 1950 a solo un 4%,
  • el nivel de alfabetización en adultos está cerca del 90%, un nivel nunca alcanzado…
  • y sigue… KPI’s que demuestran que hoy el mundo es un poco mejor

¿Nos fijamos en ello? Creo que no…

Fíjate en todo lo que puedes hacer hoy que hace unas décadas resultaba impensable. Avanzamos tecnológicamente, avanzamos como sociedad y somos capaces de mejorar el mundo.

 

La fórmula para un mundo mejor

Resulta estimulante pensar en cuál debe ser la fórmula para conseguir un mundo mejor… Plantear la hipótesis e intentar validarla, ¿qué variables incluiría…? ¿cómo enfocar ese objetivo…? ¿a través de qué datos validarlo? Evidentemente no es un tema sencillo. Y, como en cualquier investigación, a todos nos gustaría trabajar en una fórmula ambiciosa… pero la realidad nos hace aterrizar en algo concreto, trabajar algo con un ‘scope’ acotado, mucho más limitado de lo que ambicionábamos. Y ahí está dónde podemos aportar… desde la humildad, desde ese granito de arena… podemos sumar.

Firmemente convencida de que la fórmula para mejorar el mundo debe incorporar dos parámetros: ética e igualdad.  

¿Difícil? Si, claro. Pero tenemos herramientas para ello, tenemos capacidad y cada vez somos más las personas convencidas de que podemos mejorar el mundo, cada una desde nuestra parcela, humildemente, desde nuestro granito de arena. Solemos creer que nuestra parcela es insignificante, yo la primera… 

Y deberíamos cambiar el ‘chip’. Eliminar esos complejos que nos limitan… ningún objetivo es demasiado pequeño. A todos nos gustaría plantear una hipótesis ambiciosa y extraordinaria… pero te aseguro que tu pequeña parcela es un magnífico ámbito de cambio. Desde ahí, se consiguen cambios poderosos… no menosprecies lo que puedes conseguir desde tu trabajo, desde tu aspiración a hacer  las cosas bien… en toda la dimensión de la palabra.

Y tal vez la idea que planteo hoy puede parecer utópica, etérea, idealista, imposible…. Sin embargo, nuestra sociedad necesita de esas personas que quieren mejorar el mundo. 

El futuro será de esas organizaciones en las que merece la pena trabajar. Organizaciones que buscan más allá de la rentabilidad económica, que aspiran a mucho más…

Y solo lo pueden conseguir a través de las personas que trabajan allí…

a través de personas como tú y como yo, de proyectos como el tuyo y el mío…

aunque nos parezcan pequeños e insignificantes…

Deberíamos ser más conscientes de nuestra capacidad de cambiar el mundo.

 

 

Heal the world, make it a better place…

There’s a place in your heart…

and I know that it is love