Crecer...

 

Envejecer es obligatorio, crecer es opcional. Creo que es difícil expresar mejor las dos formas en que puedes afrontar tu vida. La frase ha llegado a mis manos en un mes en el que celebro cumpleaños. Cumplir años se puede vivir de maneras distintas. Basta con mirar alrededor.

Envejecer, crecer

Para algunas personas cumplir años significa envejecer. Ciertamente envejecer es obligatorio. Pero, ¿de qué forma? Existe una diferencia entre envejecer y hacerse viejo. Envejecer comprende cambios biológicos que se producen con el paso del tiempo. El ritmo de envejecimiento biológico varía de una persona a otra, y en la actualidad se está observando que la mejora en la calidad de vida retrasa la edad de envejecimiento. En cambio, hacerse viejo es un concepto social y personal que provoca sentimientos distintos al proceso biológico de envejecer.

Cumplir años tiene un significado distinto para otras personas. Para un niño, cumplir años… significa crecer. Crecer es una palabra maravillosa. Sin duda la palabra que mejor define la actitud positiva de cumplir años. Crecer es un modo de avanzar en tu vida, de haber conseguido superar retos, de conocer a personas importantes en tu vida, también de acumular algunas decepciones más -claro- pero, en definitiva, creo que los años suman a tu vida. Y no solo los niños crecen con los años, también los adultos podemos crecer. Aunque crecer es opcional. Debes poner de tu parte para crecer día a día.

Siempre he sentido admiración por las personas que saben crecer. Cuando descubro a un/a joven de más de 60 años, me muero de admiración  y se acumulan preguntas en mi mente, porque quiero saber cómo lo han hecho, porque yo también quiero. Es una fascinación muy dentro de mi… creo que desde siempre. Escuchar a personas que saben crecer a lo largo de su vida, en el sentido más profundo de la palabra, es una maravilla.

Vivimos en una sociedad que parece que te obliga a desempeñar un determinado rol en cada edad. Y tiene predeterminados los momentos en los que una persona debe cambiar sus pautas de comportamiento. A los 18 años, la persona pasa a ser un adulto. A los 30, deja de ser joven, a los 40 debe pasar a asumir un comportamiento de persona mayor y a los 65 se presupone que debe finalizar su vida activa.

Me revelo contra estos clichés. No estoy en absoluto de acuerdo con ellos. No creo que estos saltos en el tiempo te transformen… estoy convencida de que los cambios solo suceden de este modo a las personas crédulas, conformistas y que asumen que ese debe ser su papel.

Tengo la enorme suerte de tener amigas y amigos de todas las edades y comparto mucho con ellos, con los de cualquier edad.

Los peques son sensacionales, una conversación con ellos es entrar en otro mundo, son los grandes expertos en creatividad, espontaneidad y con una capacidad de comunicación enorme -que, curiosamente, en muchos casos la pierden al hacerse mayores-. ¡Adoro a los niños!

Los jóvenes poseen ese don especial de la frescura, de conocer lo que es actualidad y un grado de madurez que es mucho más elevado de lo que les atribuye la mayoría de la gente. Relacionarse con gente joven es fantástico porque descubres sus inquietudes, la grandeza de sus pensamientos y sus luchas diarias. Cuando alguien critica a los jóvenes -yo creo que por el mero hecho de ser jóvenes-, estoy convencida que lo hace porque habitualmente no habla con ellos. Y deberían. Aprenderían muchas cosas buenas.

Con los adultos es obvio que comparto muchísimas cosas. Pero debo admitir que a mi siempre me han maravillado los jóvenes de cualquier edad.

Esta semana oí por casualidad en la radio el final de una entrevista a Antonio Garrigues Walker. En ese momento, se estaba disculpando por haber hablado con tanta pasión. No pude escuchar la entrevista completa, pero me moría de sana envidia de escucharle hablar con pasión. He vivido reuniones de consejos de administración en las que brillaban sus aportaciones, con su espíritu inquieto, inteligente y locuaz, que le mantiene siempre activo. Una persona en mayúsculas, a la que adoro y que tiene la amabilidad de invitarme todavía a las representaciones teatrales que organiza cada verano. Trabajo en fundaciones, comisiones, consejos internacionales, aficiones, … Compartir reuniones de consejos de administración con él es un lujo que te ayuda a aprender que hay personas que no pierden la pasión por lo que hacen. Algunas personas empiezan pronto a desear su jubilación y no sienten pasión por casi nada…  Él no, sigue siendo joven.

Otro gran ejemplo. Soy asidua lectora del blog de José Antonio Marina, en el que sigue escribiendo de forma magistral artículos y opiniones, y comparte su proyecto. Su visión desde la filosofía, a la que define como «el estudio de la inteligencia humana, de sus límites, sus posibilidades y sus creaciones, la reflexión sobre la evolución humana, de la misma manera que la educación es su puesta en práctica». Sigue publicando libros a una velocidad increíble. Leerle es siempre enriquecedor, porque ha sabido crecer de una manera impresionante.

Como Isabel Cabetas, doctora en psicología, una joven de de 74 años que defiende que la edad no debe ser un pretexto para hacerse viejo. Y tiene toda la razón. Frente a esas personas que opinan que «a mi edad ya no…», yo me descubro ante las personas que no se dejan etiquetar por su edad y se mantienen jóvenes.

El secreto

Os aseguro que llevo años admirando a este tipo de jóvenes. Me encanta escucharles hablar, o leer sus libros. Me intriga saber qué tienen en común para mantener esta actitud. Y después de haberlos escuchado y haberlos tenido cerca, lo tengo claro. La diferencia la marca el anhelo de aprender.

Las ganas de saber cada día un poco más. Vivir para un proyecto. Ese proyecto que cuando lo alcanzas ya te ha inspirado el siguiente. Es una actitud emprendedora ante la vida, de forma constante y que se vive como algo natural. Como dice Ecequiel Barricart, si renuncias a tu paraíso encontrado y vas en busca de tu paraíso anhelado es porque dentro de ti existe una historia que merece la pena ver la luz. Y esta actitud no aparece en una edad predeterminada… la sientes o no la sientes. Tú no eliges el momento. Es algo que emerge de ti de forma espontánea.

No solo los jóvenes de menos de 30 años arrancan proyectos emprendedores nuevos. Podría exponer muchísimos ejemplos de personas que no están en ese grupo y que han hecho un cambio en su profesión, o en su forma de ejercerla y han dado un salto al vacío para trabajar por cuenta propia. Han hecho un cambio en su vida cuando lo han sentido necesario, o cuando no han compartido los principios y los valores del entorno en el que estaban. Supongo que también otras personas habrán sentido ganas de dar un cambio a su vida, pero no han tenido el valor de hacerlo. Se necesita valor y ganas de seguir creciendo.

Al final, lo que importa

No se puede vivir sin ilusión. No te puedes cerrar a todo lo maravilloso que está a tu alrededor. Al final, lo que importan no son los años de vida, sino la vida de los años. Llena tus años de vida. Y nunca dejes de aprender… porque la vida nunca deja de enseñar.

Pero este es otro tema, aprender siempre…  ¿seguimos en el siguiente post?